Lions for Lambs, Part II

El martes fui al cine a ver la, para mí esperada película, Leones por Corderos. Debo decir que esperaba algo más de lo que vi, pero ciertamente el elenco de actores y la trama del largometraje, no están nada mal. En poco menos de una hora y media, Robert Redfor, ante la cámara y entre bastidores, nos muestra tres historias que giran en torno a una misma cosa: la guerra y su gestión por parte de los Estados Unidos en Afganistán.


Así pues, vemos a una Meryl Streep metida en la piel de una periodista que lucha por ser fiel a sus principios y hacer bien su trabajo al mismo tiempo; a un Tom Cruise trajeado y con la agresividad suficiente al hablar como para ser senador republicano en Norteamérica y parecer comprometido con sus votantes: y por último, Robert Redfor, que se deja ver esta vez como un profesor de universidad algo veterano que intenta convencer a uno de sus alumnos más brillantes de que no abandone sus ideales e intente cambiar las cosas que están a su alcance. En resumidas cuentas, viene a contarnos lo que desgraciadamente pasa a menudo: los políticos mienten, los periodistas fracasan y los jóvenes se encuentran descolocados. Redfor deja ver su descontento por la situación actual de su país y con esta película lanza al aire un grito desesperado de “Americanos, por favor, ¡comprométanse!”.

Las tres historias tienen un mensaje profundo acerca de los dilemas internos que cualquier persona en su lugar puede plantearse, pero me parece especialmente interesante el del alumno de universidad. Se trata de un joven que solía ser brillante, participativo en clase, audaz y rápido en sus argumentaciones. Sin embargo, poro a poco algo le hace perder la fe en la política, la sociedad y la vida en general. Es reconfortante ver cómo tras una larga conversación con su profesor, el alumno se replantea su situación y, a pesar de que el final no es nada revelador, todo apunta a que de nuevo el joven se interesa al ver las noticias aunque sólo sea por televisión.

Únicamente quisiera destacar el hecho de que el final quede tan abierto. No deja claro nada, es una película sin final cerrado, como si vaya a haber una segunda parte. Está bien porque plantea cuestiones políticas y morales, le da un buen golpecito en la espalada al espectador acerca de esos temas y pone de vuelta y media a los Estados Unidos y su política actual, pero no concluye con ninguna idea clara. Tal vez ahí puede que resida la grandeza del film, de esta forma se da una visión objetiva de la historia y se deja al espectador que extraiga sus propias conclusiones. No ofrece respuestas, pero plantea muchas e importantes preguntas.

En el fondo me supo mal esa visión de Estados Unidos. Una de las últimas escenas de la película muestra a la periodista saliendo del capitolio y mirando por la ventana del taxi hacia la casa blanca y hacia el cementerio de Arlington, llorando y apenada por ver cómo la historia de un gran país está siendo empañada por una etapa de miedo, mentiras y represalias desproporcionadas. Sienta mal ver cómo el líder del mundo libre se ha convertido en un personaje estridente en todos los sentidos. Pero otro día hablaremos sobre este asunto visto desde la perspectiva de una gran serie televisiva que tiene mucho que ver con este tema. No es cine, es televisión, pero cada capítulo de esa serie es como una pequeña joya hecha película.

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